Dudas, temes, te desesperas y crees que finalmente tu vida se acaba sin haber pasado “el examen” con buenas notas.
De repente llega ese ser que has conocido de siempre en tus más íntimos sueños y NO lo crees, hay trampa, algo oculto.
Vuelves a dudar, no vives, ahora temes con más fuerza porque crees que lo tienes, que finalmente te ha llegado, que lo has alcanzado, que te ha tocado… pero no puede ser: eso queda para las historias y novelas más romanticonas.
Continúas vacilando al pasar los días, viviendo o sobreviviendo al disfrute temeroso, al placer a tropezones, al temblar de felicidad mezclada con rabia.
Y un día te das cuenta que no es más que la vida, simple como nada: unos lo logran, otros se conforman con lo más adecuado y otros sencillamente se quedan en el camino, jamás perfecto!
Son pocos, muy pocos, demasiado pocos esos suertudos bienaventurados; pero de que los hay ya no me cabe dudas.
Me doy en el pecho, respiro hondo, hasta suspiro y digo:
—Bendita María!
( Madrid, 8 de Septiembre del 2009. 11:24hrs )











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